Hacía ya mucho tiempo que me llamó la portada de esta novela gráfica, busqué reseñas y la mayoría hablaba maravillas, y ¿por qué no decidí comprármelo a la primera? pues porque nunca he sido muy de videojuegos, y como se que trataba de una gamer pensé que me echaría para atrás la historia y he de decir que estaba totalmente equivocada.
Amanda es una chica a la que le encantan los videojuegos. Un día asiste una mujer a su instituto para dar una charla sobre un nuevo juego multijugador en línea masivo llamado TerrÁurea, dónde quiere que las chicas se unan a ella para participar con un rol femenino ya que apenas hay chicas que jueguen como tales por ahorrarse problemas. Amanda no duda ni un segundo en introducirse en el juego y es aquí donde conoce a los granjeros, los cuales se saltan las normas en cierto modo recolectando objetos para luego venderlos a otros jugadores. Nuestra protagonista al enterarse de esto piensa que no es justo y decide acabar con ellos, hasta que conoce a Raymond, uno de los granjeros, y es gracias a el como descubre que en eso consiste el trabajo real de ciertas personas, siendo así su medio de vida. Es cuando se replantea que lo que se sale de las normas en realidad no es del todo incorrecto cuando las necesidades reales de la vida lo requiere.

